miércoles, abril 18, 2007

Lo que más me encabrona...

Definitivamente, el gandallismo. No soporto a una persona gandalla, de esos que se meten en las filas de cualquier lado, así sea para recibir una mentada de madre, siempre quieren ser primeros. Pero cuando uno de estos pinches gandallas navega con su bandera de buena onda, de lider, de esos que todo mundo aprecia, de esos que se mira al espejo todas las mañanas y piensa: “Soy una buenísima persona”, ahí sí, hasta ganas de guacarear me dan...

Sé que mi tolerancia ante lo que no me gusta es mínima, incluso estoy conciente que soy exagerado y a veces yo mismo me hago brain-wash diciéndome que no puedo estar haciendo corajes por todo. En el caso particular del gandallismo, me molesta que no exista el respeto al derecho ajeno, que muchos piensen en si mismos sin importar lo que puedan perjudicar a los demás, que crean que sólo su tiempo vale y que sus intereses son más importantes que los de los demás.

Por eso, el gandalla es rico, por eso el gandalla es poderoso, por eso el gandalla goza de beneficios que el que no lo es no tiene y eso es lo injusto y triste de la vida. Cuando alguien se mete a la caja rápida del super con su carrito hasta la madre de tiliches, cuando un trabajador tiene más trabajo y gana menos, cuando alguien que tiene un auto de lujo tiene preferencia para adquirir otro con facilidades, cuando un presidente municipal, o un diputado o senador ganando cien mil pesos, se incrementa el salario en una proporción del 50% y el salario mínimo aumenta 4.5%, en todos esos casos hay gandallismo.

Y aparte de todo, cuando alguien es gandalla, muchos dicen, “¡Ese wey es un chingón!”

Y a veces pienso, “si ser gandalla deja tantas cosas buenas, ¿no estaré equivocado?”...
Y luego me respondo: “NO”